Galápagos Conservancy

Floreana: el Edén que Vuelve a Respirar

Floreana: el Edén que Vuelve a Respirar
Con herencia genética de la extinta tortuga de Floreana, este ejemplar de entre 12 y 15 años se alimenta de hojas frescas, preparándose para cumplir algún día el rol ecológico que su especie desempeñó durante siglos en la isla. ©Galápagos Conservancy

Casi dos siglos después de la desaparición de las tortugas gigantes en Floreana, la isla está a punto de presenciar un hecho histórico: el regreso de una especie que se creía perdida para siempre.

Durante siglos, la isla Floreana fue un territorio marcado por el paso firme de las tortugas gigantes. No eran solo parte del paisaje: lo transformaban con cada movimiento, abriendo senderos, dispersando semillas, sosteniendo la vida. Un capitán ballenero describió en 1833 cómo estos animales bajaban de las montañas y se esparcían por las llanuras costeras, cubriendo la isla con su andar. Pero en el siglo XIX, esa dinámica se quebró. La caza y la presencia humana provocaron su desaparición y, con ella, una cadena de cambios que alteraron para siempre el destino ecológico de Floreana. Quedó un silencio profundo, una herida casi fatal.

El Inicio del Silencio

A finales del siglo XVIII, Floreana se convirtió en un destino frecuente para los balleneros que recorrían el Pacífico y se abastecían de tortugas gigantes como alimento duradero para sus largas travesías. En 1820, el barco ballenero Essex pasó por la isla y cargó cientos de ejemplares, reflejo de una práctica que se volvió habitual. Hasta 700 tortugas podían ser capturadas en una sola expedición. Ese mismo año, un tripulante del Essex provocó accidentalmente un incendio mientras cocinaba en la costa. El fuego se propagó sin control y la isla ardió durante meses, destruyendo gran parte de su vegetación y dejando una cicatriz profunda en su paisaje.

Floreana: el Edén que Vuelve a Respirar
Personal del Parque Nacional Galápagos y Galápagos Conservancy realiza la toma de medidas morfológicas y evaluación de salud de tortugas con ascendencia genética de Chelonoidis niger, como parte del proceso preparativo para su futura reintroducción en Floreana. ©Galápagos Conservancy

Se estima que entre 1774 y 1860, más de 100.000 tortugas fueron extraídas de Galápagos.

Cuando Charles Darwin visitó Floreana en 1835, encontró una isla que aún arrastraba los ecos de su abundancia pasada. Los colonos y los balleneros seguían cazando tortugas. Se hablaba de auténticos caminos trazados por el continuo paso de estos gigantes hasta manantiales donde se congregaban en multitudes. Estas capturas masivas, sumadas a la presión de especies introducidas como cerdos, ratas, cabras y perros, y al gran incendio de años atrás, aceleraron la desaparición de la tortuga de Floreana. Entre todas las especies de tortugas del archipiélago, Chelonoidis niger fue la primera en extinguirse, a mediados del siglo XIX.

Una Pista en el Lugar Menos Esperado

Más de un siglo después, la ciencia dio una sorpresa. En el año 2000, una expedición científica en el volcán Wolf, al norte de Isabela, identificó tortugas con caparazones tipo montura, poco comunes en esa zona. Algo no cuadraba. Se tomaron muestras de sangre y, con la ayuda de análisis genéticos avanzados, se descubrió lo impensable: esas tortugas eran híbridos con ascendencia de la especie extinta de Floreana.

La explicación más probable era tan extraordinaria como real: algunas tortugas de Floreana, capturadas por marinos en el siglo XIX, habrían sido abandonadas en las costas del volcán Wolf y, contra todo pronóstico, lograron sobrevivir. El pasado había perdurado en silencio en un rincón remoto del archipiélago, esperando ser descubierto.

Ese hallazgo encendió la chispa de un ambicioso esfuerzo de restauración. Se puso en marcha un riguroso programa de identificación genética y cría selectiva para guiar al Parque Nacional Galápagos en la recuperación de una especie que se creía perdida. 

“Cuando vimos los resultados genéticos por primera vez, fue como recuperar algo valioso que creíamos perdido para siempre. Descubrir tortugas sobrevivientes con ascendencia de Floreana fue un momento emocionante”. — Dr. James Gibbs, vicepresidente de Ciencia y Conservación, Galápagos Conservancy

Ciencia, Paciencia y Esperanza

Tras el hallazgo genético en el año 2000, en Galápagos Conservancy, junto con la Dirección del Parque Nacional Galápagos, comenzamos un proceso largo y meticuloso para restaurar la presencia de tortugas gigantes en la isla Floreana. Todo partió con la identificación genética de individuos con ascendencia de la especie extinta. Luego, en 2015, se formalizó el proyecto de restauración, y se trasladaron desde el volcán Wolf al centro de crianza en Santa Cruz 84 tortugas reproductoras con alta carga genética de Chelonoidis niger.

A partir de esos ejemplares, desarrollamos un plan de reproducción y crianza cuidadosamente diseñado, que priorizó los emparejamientos más compatibles para recuperar los rasgos de la especie original. Desde entonces, han nacido más de 600 crías bajo cuidado humano, y alrededor de 300 de ellas ya están listas para volver a casa.

Pero la restauración no es solo una cuestión de números. Cada tortuga es una ingeniera ecológica: abre caminos, dispersa semillas, regula la vegetación leñosa y crea hábitats para muchas otras especies a su paso. Sin ellas, las funciones ecológicas de la isla comienzan a deteriorarse. Devolverlas es, también, devolverle a Floreana la posibilidad de volver a respirar y sanar sus heridas.

Floreana: el Edén que Vuelve a Respirar
Vista aérea de Puerto Velasco Ibarra, enclave humano en Floreana desde el siglo XIX, rodeado por un ecosistema que hoy se prepara para recibir nuevamente a sus antiguos habitantes: las tortugas gigantes. ©Galápagos Conservancy

El Gran Libro de las Tortugas Gigantes

La historia de Floreana forma parte de un esfuerzo mucho más amplio. Es uno de los capítulos más esperanzadores en la restauración de las tortugas gigantes que alguna vez caminaron por la isla.

Floreana, hoy, representa algo aún más profundo: la posibilidad real de devolverle a un ecosistema no solo su especie emblemática, sino también su equilibrio perdido, su memoria biológica, su identidad natural.

“Cuando las tortugas vuelvan a Floreana, no solo regresan animales. Vuelve la posibilidad de restaurar un ecosistema entero. Es un recordatorio de lo que la ciencia puede lograr cuando se combina con compromiso y visión a largo plazo.” Dr. Jorge Carrión, director de Conservación, Galápagos Conservancy

Floreana: el Edén que Vuelve a Respirar
Cría de tortuga gigante con ascendencia genética de la extinta especie de Floreana (Chelonoidis niger), criada en el centro Fausto Llerena como parte de un esfuerzo para devolver esta herencia única a su isla de origen. ©Galápagos Conservancy

La Promesa que se Acerca

Entre 2006 y 2009, Floreana fue escenario de un esfuerzo clave: se erradicaron cabras, burros, cerdos y ganado feral, lo que alivió la presión directa sobre el ecosistema y sentó las bases para su recuperación. En 2023, se ejecutaron nuevas operaciones para controlar ratas y gatos ferales, un paso fundamental para proteger a especies nativas como aves y reptiles endémicos. Aunque algunos individuos persisten, su impacto se ha reducido notablemente, lo que permite avanzar con cautela hacia un entorno más seguro para la reintroducción de tortugas.

Hoy se estima que cerca del 30% de la isla —unos 50 km²— podría convertirse nuevamente en hogar para miles de tortugas gigantes. A largo plazo, Floreana podría albergar hasta 12.500 individuos caminando de nuevo por los senderos que una vez ayudaron a formar.

Y ese momento se acerca. Las primeras lluvias invernales marcarán el inicio de una nueva etapa. Las tortugas serán transportadas desde el centro de crianza Fausto Llerena hasta Floreana, y entonces ocurrirá algo profundamente simbólico: guardaparques e investigadores de Galápagos Conservancy las cargarán en sus espaldas, como lo hicieron los balleneros hace más de un siglo. Pero esta vez, no para llevárselas… sino para devolverlas.

Pero esta vez, no para llevárselas… sino para devolverlas.

Aunque Chelonoidis niger sigue oficialmente clasificada como extinta, su herencia genética volverá a recorrer la isla. El regreso de las tortugas a Floreana es más que un logro científico: es un mensaje para el mundo. La extinción no siempre es el final. Con compromiso, visión y apoyo sostenido, los ecosistemas pueden sanar.

Floreana: el Edén que Vuelve a Respirar
Con rasgos heredados de la extinta tortuga de Floreana, este ejemplar presenta un caparazón tipo montura, una adaptación que le permite alcanzar vegetación elevada para alimentarse. ©Galápagos Conservancy

Un Edén que se apagó, empieza, al fin, a respirar de nuevo.

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